De Cristo, Kal-El y nuestra esclavitud autoimpuesta

Fui a ver la última película de superman, la historia conocida por todos los que caminamos la tierra desde finales del siglo pasado y principios de este. Esta entrega de la historia del hombre de acero me dejó muy agradado, fui otra vez ese niño que sueña con la existencia de un héroe invencible que salva al mundo en el último minuto. También soñé con hacer lo que hace el tipo de la película y estoy seguro que algunas nuevas modas saldrán de este filme. Soy un gran amante de las historias de superhéroes y me permito fantasear al respecto así como volver a la realidad cuando es necesario.
Han pasado unos días y algunos eventos, la corte suprema de Estados Unidos de Norteamérica revocó DOMA, que definía el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, por lo cual ahora las parejas homosexuales pueden casarse y gozar de derechos iguales a sus contrapartes heterosexuales al menos en un 30% de los estados. Las cosas van mejorando.
Al día siguiente de revocarse DOMA se celebró el “Gay Pride”. La fiesta del orgullo gay que ya todos conocemos (y que data de las revueltas de Stonewall en el Nueva York del 69) este año incluía la celebración de estos nuevos derechos obtenidos en Estados Unidos y, en otros países, la esperanza de algún día gozar de los mismos también. En Panamá la marcha del orgullo se dio como cada año, homos, bis, lesbianas, drags, trans, y en general hombres y mujeres en todas sus manifestaciones se reunieron para caminar y dejarse ver, venciendo miedos y dando la cara para dejar claro que existen (existimos). La sensación de no estar solos, de tener un grupo de referencia y de tener hermanos y hermanas a quienes no conoces pero que te acompañan en el camino de la vida inundó mi cerebro por un par de horas. La sensación de ser una sola humanidad junto a homos y heteros, trans, bis y lesbianas fue algo que me dio mucha paz, como suele ser cada año.
A la mañana siguiente de la marcha del orgullo en Panamá, me levanté para hacer algo de lectura mañanera mientras desayunaba. Los artículos opuestos de Eduardo Espino López (artículo inteligente pero mal intencionado toda vez que intenta respaldar sus creencias religiosas con estudios científicos cuyos años ni siquiera cita y cuyas metodologías y conclusiones son cuestionables) y Agustín Clement (artículo de opinión que es de los mejores escritos que le he conocido al autor, organizado y tranquilo, sin pasiones excesivas) me dejaron ese mal sabor a la pelea más allá de la celebración, a la existencia de bandos y posturas. Otra vez, el mundo estaba dividido en grupos y facciones, categorías distintas y denominaciones que dividen a la humanidad. La lucha continúa. Pero, más allá de la opinión de los autores, llamaron mi atención los comentarios de los lectores, quienes no tardaron en enfrascare en un debate sobre si el mesías cristiano aprobaría o no a los homosexuales y si la biblia era confiable, así como si el infierno y el purgatorio existen en realidad o son conceptos medievales.
Acaso el público no se da cuenta que estas discusiones se dan porque aquellos en el poder nos tienen entretenidos en tratar de defender los diferentes grupos a los que nos han adscrito? 

Judíos, cristianos, católicos, homosexuales, heterosexuales, y demás. Una letanía de peleas que van desde temas de género hasta equipos de fútbol. Seamos más inteligentes que esto y leamos entre líneas. Dejemos de agredirnos poniendo o quitando mayúsculas y notemos con terror que nos han mentido toda la vida, que la historia del mesías hijo de dios que viene a salvar al mundo y pasa por una familia adoptiva, se enfrenta a la muerte y regresa luego de vencerla y tantas otras características es posible de rastrear hasta el antíguo egipto pre-cristiano. Que esa historia solo ha sido reinventada una y otra vez y que satisface tanto algunas de nuestras necesidades psicológicas más tempranas (de salvación, de ser rescatados, cuidados y protegidos, de evadir los miedos y agradar a nuestros cuidadores) que incluso hoy día se reinventa en la cultura popular y se hacen millones de dólares al contarla otra vez como algo nuevo (superman). Es la misma historia contada otra vez y logra el mismo efecto: quedarse con el dinero de multitudes para enriquecer a algunos y mantener a la masa bajo el control que ocasiona el creer. Dejemos de pelear unos con otros y seamos valientes para admitir que no necesitamos que nadie venga del espacio o de otra dimensión a salvarnos de nada. Tomemos responsabilidad de nuestras acciones y admitamos que nos engañaron y que no importa si le decimos un nombre distinto, cristo y Kal-el son el mismo arquetipo y son la fórmula probada para un éxito taquillero, en nuestras salas de cine y en nuestras mentes. Es duro admitir que nos han engañado, pero es cobardía permanecer en el engaño luego de saberlo, porque entonces no nos esclaviza otro sino nosotros mismos. Somos mejores que esto y debemos saberlo.


Que estén bien.
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